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EL GRAN SECUNDARIO DEL HOLLYWOOD ACTUAL
febrero 11, 2014 Especiales

 

Hace unos días nos dejó inesperadamente el actor estadounidense Philip Seymour Hoffman, pero no voy a repetir otra vez lo que ya han repetido los medios de comunicación sobre las causas de su fallecimiento, sino me remitiré más a su obra y también a su talento descomunal para interpretar diferentes personajes. Este intérprete empezó su carrera a principios de la década de los noventa y pronto los directores de cine se dieron cuenta de que este actor era distinto a los demás porque inundaba la pantalla creando un propio estilo de interpretación que hasta ese momento se desconocía; su estilo lo fue perfeccionando con cada nueva aparición en la gran pantalla.

Para meternos en su gran legado interpretativo voy a recordar tres de sus películas con tres tipos personajes muy distintos que le dieron un lugar donde sólo pueden estar los intérpretes con sello de identidad. Son tres personajes que se quedan en la memoria del espectador y esto es lo que conseguía este actor de raza curtido en el teatro y como caído del cielo al séptimo arte al demostrarnos que existen raros talentos que den vida a personajes difíciles, robustos y eternos.

El gran Lebowski (Los hermanos Coen, 1998)

Cuando este actor empezaba a ser un habitual en las películas interesantes de EEUU le ofrecieron un papel en un filme que se convertiría en uno de los mitos cinematográficos de las últimas décadas. El gran Lebowski, fue un regalo para Philip Seymour Hoffman que con el papel de Bandt, un servicial asistente del protagonista que huye de las discusiones quedando en paz con todo el mundo que le rodea, se dio a conocer un poco más en la gran pantalla. Pero el inmenso trabajo del reparto de esta producción no es el verdadero milagro de esta película. “El nota” es decir Lebowski, interpretado por Jeff Bridges, se convirtió en un icono para toda una generación de cinéfilos.

Pero centrémonos en Bandt y en su lucha constante por seguir al protagonista espiritual y físicamente a todas partes o a ninguna. Por otra parte, es un personaje secundario en la trama pero también es una pieza clave para seguir la historia gracias a la calidad interpretativa de el actor que en esta película muestra todos sus miedos y también sus deseos con unos planos llenos de aire y de ambiente que tratan de buscar la verdadera alma de este colosal personaje.

¿Por qué esta obra cinematográfica es un punto y aparte en la obra de los hermanos Coen?.

Tal vez los espectadores se sintieron identificados en cada uno de los personajes porque no pretenden ser héroes ni superhéroes. La gente se identificó porque son caracteres normales y corrientes que buscan sólo vivir en la jungla urbana dentro de su perímetro de vida. Cuando hablamos de milagros cinematográficos este trabajo de los hermanos Coen es uno de ellos que puede cambiar la historia del séptimo arte.

El gran Lebowski sirvió también para reforzar las carreras de todos sus actores porque después de sus más de diez años de estreno todavía es una película actual que enseña una filosofía nueva creada por una urbe llena de humanidad y de respeto al ser humano. Esta es la razón por la que esta película merece estar en el sitio donde está porque por momentos se sale del objetivo para encontrarse en la inmensa jungla en el que estamos todos viviendo.

 

Capote (Bennett Miller, 2005)

En Capote, el actor da un verdadero giro de genialidad a su carrera haciendo una interpretación de Truman Capote soberbia. El espectador se acaba creyendo que Philip Seymour Hoffman en realidad es el escritor de A sangre fría que deambula por la pantalla como si fuese un espectro, durante cerca de dos horas, en busca de respuestas para dar una solución a una incógnita.

El trabajo de esta producción de este intérprete alcanza la credibilidad que te exige en dar vida a personajes reales que han sido cruciales para la historia. Aquí vemos a un Truman Capote queriendo inventar un nuevo rumbo de la literatura, a un Truman Capote sensible y reservado y a un Truman Capote lleno de gente queriendo mostrarse en sociedad como un verdadero mago de las letras.

Pero ¿dónde ha llegado está película para la memoria colectiva del cinéfilo? Esta película no se queda en una gran interpretación. Aquí los personajes tienen una evolución y la historia sabemos desde el primer momento como va a acabar trágicamente porque aquí un final feliz para el protagonista es el resultado de un final nefasto para los personajes secundarios. Pero este final es el final perfecto porque contiene todos los sentimientos, todos los razonamientos y todos los argumentos posibles en un final donde conocemos al fin al verdadero Truman Capote.

Esta película en definitiva es interesante no olvidarse de ella por varios razones porque es una de las únicas interpretaciones que el gran secundario del Hollywood actual, Philip Seymour Hoffman, hizo un papel principal. Los movimientos de cámara enseñan el alma de todos los personajes adentrándose en el trabajo actoral de sus personajes de una forma muy honesta. Así el metraje puede explicar muchas cosas y enseñarnos lo que es ser escritor con sus obsesiones, sus proyectos, sus pensamientos…

No olvidemos que Truman Capote, el verdadero Truman Capote, inventó la novela periodística y Philip Seymour Hoffman con esta interpretación salida de sus entrañas reventó al personaje dando unos tonos a su interpretación muy lentos y encantadores que llenan la pantalla.

Por eso, necesita el cinéfilo de está película y el lector necesita de los libros de este autor para entender a la vida moderna. Así, película y libros se compenetran en todos sus puntos cardinales y en todos sus deseos indicando un camino nuevo hacia otro sentido de esperanza de cine.

 

The master (Paul Thomas Anderson, 2012)

Este trabajo cinematográfico no dejará nunca de darnos cosas interesantes gracias a muchos ingredientes que la convierten en una película eterna dentro de su imagen profunda y llena de contrastes que hacen viajar a los espectadores hacia la siempre desconfiada mente humana. En esta producción nos presentan a Lancaster Dodd, un predicador de una secta que se llama La causa interpretada por Philip Seymour Hoffman en un papel oscuro y aprovechado que llama la atención del público desde el minuto uno hasta el último por su personaje controlador de almas queriendo desafiar al mismo Dios pero, Lancaster Dodd no es Dios ni llega a parecerse ni remotamente. Esta película nos obliga a debatir entre el bien y el mal y nosotros tenemos que poner sus distintos matices para darnos cuenta de que todo lo que se cuenta aquí no deja de ser un aviso de las tinieblas.

El personaje opuesto al predicador es Freddie Quell que da vida Joaquín Phoenix y que, por azar del destino cae en las manos del despiadado Dodd y lo llega a moldear para que sea un digno ejemplar de su secta borrando de su memoria su vida anterior y hasta su verdadera personalidad haciéndolo un hombre mecánico lejos de tener sus propias opiniones y suprimiendo sus instintos sexuales.

Pero si nos metemos en las entrañas de The master vemos que hay toda una filosofía escondida en el metraje, una filosofía de cómo atraer la libertad del espíritu porque en este trabajo sin darnos cuenta nos lleva más allá del principio y del final de la propia existencia donde la naturaleza tiene mucho que decir en esta película, donde la atmósfera del espacio parece otra cosa mucho más íntima y sensual.

Lo que consigue esta película es que el tiempo parezca que muera para volver a nacer y volver otra vez a expirar, sin percatarnos de que el espacio se hace protagonista del filme pero no con un papel real, su protagonismo es algo psíquico, su naturaleza se convierte en una mirada al infinito o en un juego eterno con sus dos jefes de escena Quell y Dodd haciendo un duelo interpretativo.

¿Por qué merece no ser olvidada The master?

Este trabajo interpretativo puede estar muy por encima a lo que ahora se puede ver en las salas de cine y además es la última gran película de su filmografía que nos dejó Philip Seymour Hoffman creando un nuevo milagro de interpretación contenida que deja sin palabras a los actores del presente y probablemente dejará sin palabras a los intérpretes del futuro.

JORGE GIRBAU BUSTOS.-

 

 

 

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