EL CINE DE TERROR Y FANTÁSTICO COMO REFLEJO DEL MUNDO

Del 29 de octubre al 5 de noviembre de este año se celebró la 32ª semana de cine fantástico y terror de San Sebastián (sansebastianhorrorfestival.eus) en la cual se hizo con el galardón de mejor largometraje Última noche en el Soho, del guionista, productor, actor y director de cine Edgar Wright.

Última noche en el Soho se preestrenó en el festival de Sitges y ha llegado a los cines este viernes 19 de noviembre. Esta película nos hace viajar al Londres de los años 60 para contarnos, con una historia terrorífica, lo que es tener un ídolo y que tu propio ídolo sea una prolongación de la vida, ya que al final nunca se sabe cuando eres tú y cuando es él. Así Edgar Wright pone sobre la mesa el fenómeno fan y cómo esta adoración pasa a ser el principio de un terror psicológico. Este largometraje cautivó al público que ha llenado esta edición de la semana de cine fantástico y de terror; pero yo me pregunto: ¿Dónde empieza y acaba la fantasía? ¿Y cuál es su línea fina en la que pasa a ser terror?; ¿por qué razón el consumidor de cine aún sigue confiando en este género lleno de diablos?

Desde el principio del cine, véase la obra maestra muda de Víctor Sjöstrom, La carreta fantasma (1921) , se nos empuja a descubrir cinematográficamente otras formas de combinar la fantasía con el terror, pero todas llegan a un punto en el estas películas llegan a empatizar con el público.

Pensemos en el cine fantástico y de terror, su estética puede venir del cine mudo, aunque su reconocimiento en la industria se encuentra en algunas décadas después, cuando los cinéfilos se dieron cuenta que las obras cinematográficas de estos géneros podían hablar. Así en los primeros años del cine sonoro aparece la figura del cineasta Tod Browing, aunque hizo sus pinitos en el cine mudo, es reconocido por hacer del Drácula (1931), un icono del género de terror cinematográfico; protagonizada por el actor Bela Lugos. En el mismo año también se estreno Frankenstein, dirigida por James Whale y protagonizada por Boris Karloff. Estas dos películas, estrenadas a la vez, hicieron cambiar los esquemas del cine.

Hoy en día cuando hablamos de Tod Browing y de James Whale los calificamos como los verdaderos precursores del cine de terror sonoro y, a partir de aquí, podemos ya referirnos al género de una manera contemporánea a nuestras crisis dentro de la sociedad de hoy en día. Tanto Drácula como Frankenstein pertenecen a nuestras vidas y los tenemos como un punto de reflexión para meditar sobre que es el terror dentro de nosotros.

La otra transformación de estos géneros cinematográficos se produjo en la década de los 70, cuando los directores buscaban contar historias dentro de ellos tratando de que sean creíbles para el público.

Para empezar este viaje cinematográfico vamos a analizar la cinta que marcó un antes y un después en la manera de mirar el mundo del séptimo arte: El exorcista, de William Friedkin, de 1973, fue el punto de arranque para la maduración de este género porque se unió a otros temáticas sociales y religiosas. Las películas de terror dejaron de ser sobre monstruos y vampiros para dar otro paso de gigante en sus temas. Utilizando muy sutilmente una posesión demoníaca para indagar en nuestro cerebro creando nuevos miedos.

Pero esta película es mucho más que un simple film porque nos advierte que el mal puede estar en todas partes. Con El Exorcista nos tratan de decir que hay que desconfiar hasta de tus seres queridos, pero también es un aviso para cuidarnos. Al final de esta cinta, en cierta manera, no somos los mismos porque la misión de esta obra cinematográfica es la maduración mental del propio público.

Claro que una posesión del diablo no pasa siempre en la vida, pero merece la pena estar atentos porque esta película da una serie de advertencias. El exorcista es, en definitiva, una guía para explorar en un terror que empezaba a ser más urbano y menos de personajes fantásticos,. Así el cine dejo apartados a Drácula, El hombre lobo…o simplemente esos personajes que inundaron las pantallas en la primera década del cine sonoro pasaron por inercia a un plano secundario, aunque todas esas criaturas aún seguían conviviendo con las historias que querían humanizar al cine.

Pero los años 70 cinematográficos eran otra cosa, la imagen viajo a otra conjugación; las películas se narraban desde la tercera persona y el mundo empezó a ser un poco más plural, ya que estaba naciendo otra forma de narrar y, por consiguiente, aparecía otro alfabeto al que era necesario acostumbrarse. Este nuevo idioma visual nos acercaba más a nuestra ERA artística. Películas como La profecía, de Richard Donner, (1976) y Harold, Maude, de Hal Ashby (1971), o Tiburón, de Steven Spielberg, ((1975) nos acercan a distintas formas de ver el terror.

La matanza de Texas, de Tobe Hooper, (1974) es una nueva forma de pensar y olvidarse de los primeros personajes que marcaron el camino a seguir; el mundo experimentó los rasgos y las sensaciones de un asesino totalmente nuevo y, desde entonces, el cine tiene una nueva maldad tatuadas en sus mentes. Si miramos el ADN del verdadero cinéfilo nos damos cuenta que la década de los 70 fue muy importante porque surgieron miradas totalmente primerizas.

Hay una comunión entre el género del terror y las películas que se hicieron en los 70, pero también existe la misma comunión entre las películas que se rodaron en los 70 y los cinéfilos en general.

Así llegamos a decir que el cine de hoy es un reflejo del cine que vimos y siempre hay un pasado para todos los géneros porque el camino para llegar al cine que nos ofrece el 3D. Un ejemplo, primero se hicieron películas mudas y en blanco y negro; sabiendo esto, nos damos cuenta que el cine ha tenido una trayectoria vital.

¿Qué es el cine para nosotros? Y… ¿Cómo reconocemos una película de terror? La semana del cine de fantasía y terror de San Sebastián es un regalo para el público y puede que sea una forma bonita de acercarnos al género tan necesario para nuestras vidas.

JORGE GIRBAU.-

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