¿DÓNDE ESTÁS, HOBBIT?

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Os pondré en situación. El Hobbit fue uno de los libros que marcó mi infancia (aunque reconozco hace años que no reviso). De adulto, quedé prendado con la que considero una de las mejores trilogías de la historia del cine. Y a pesar del acusado relleno y algún prólogo demasiado extendido, me gustó la primera parte de El Hobbit. Peter Jackson (o Guillermo del Toro ya que el el propio director de Braindead reconoció la huella del mejicano “En un viaje inesperado”) supieron reescribir muy bien su juguete de celuloide.

El mayor mérito para quien suscribe esto fue darle un giro a las expectativas del público, ganando en humor naif y tomando senderos pulp que le daban el tono adecuado a una novela más infantil que la de El Señor de los Anillos. Y sobretodo, uno de los mejor roles de la trilogía, un Bilbo interpretado por un carismático Martin Freeman que se convertía en el epicentro del relato, como pedía la historia.

¿Qué ocurre aquí bajo mi prisma? Que sólo hay caligrafía y abalorios. Si, amigos. La Desolación de Smaug ha conseguido lo que nunca hubiera imaginado que diría un devoto del universo Tolkien tanto fílmico como literario como es este humilde crítico: me he aburrido mucho al visitar de nueva la Tierra Media.

Sí, la recreación de la tierra media es IMPRESIONANTE. La cinta es de una espectacularidad inusitada. Pero no hay ganchos emocionales sólidos. No hay un protagonista claro, Bilbo es solo un personaje más, desaprovechado por completo. Como Gandalf, como Thorin, como todos. No hay unidad dramática. Los enanos no tienen personalidad y los que el film intenta dimensionar los hace de forma descuidada o simplemente forzada. No hay personalidad. Secuencias de acción que parecen más sacadas de un vídeojuego sobre el mundo de Tolkien que de las influencias clásicas de la saga fìímica protagonizada por Frodo. Cada plano es previsible. Atrás quedan los tiempos donde Peter Jackson montaba una escaramuza en montaje paralelo con un canto doloroso en el Retorno del Rey, donde se buscaba nuevas rúbricas para el mismo sentido y genuino sentido de la épica. Ahora solo queda una visita al parque temático, figuritas de hamburguesería y pasar por caja.

Menos mal que el dragón si que vale mucho la pena, pero al terminar las casi tres horas de metraje, uno le da la impresión que asiste a una saga cuya aparatosidad le ha hecho perder el norte y la ha poseído como si fuera un anillo. ¿Paradójico? Lo que si sea paradójico es que el hobbit parece que hable de 1000 otros temas sin cocinar y desarrollar que el que incumbe al propio Bilbo de la Comarca…En fin, decepción personal. Espectáculo hay. Autoría y Sutileza, no. Los que busquen solo lo primero, ya saben que opción tienen este invierno. Los que busquen ambas se quedaran con algunos momentos aislados donde la película parece remontar…pero no. Una lástima. Esperamos que en la tercera vuelvan a encontrar la Piedra del Arca…

JOAN BOTER ARJONA.-

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