DENTRO Y FUERA DE LA HABITACIÓN

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 AHAB

He de confesaros que iba a ver La habitación, de Lenny Abrahamson (director de una rareza como Frank) con prejuicios después de ver su tráiler. ¿Sabéis por qué? La historia de maternidad y cautiverio se me antojaba carne de telefilm de sobremesa de aquellos tan soporíferos que aguantas con la digestión al límite, después de la comida dominguera. Pero, ¡qué equivocada que estaba! Lenny Abrahamson, partiendo de la novela de Emma Donaghue, consigue trascender ese “material sensible” e ir mucho más allá y filmar, con gran pulso narrativo, una historia de tragedia familiar en dos partes.

En la primera, descubrimos “la habitación” propiamente dicha, una madre y un hijo que cumple 5 años, intentan hacer “vida normal” dentro de ese minúsculo habitáculo, luego el espectador conoce que están secuestrados y por quién y, poco a poco, se va implicando en su historia y en sus dos personajes principales. Brie Larson (nominada y principal favorita al Oscar como mejor actriz) interpreta esta madre “coraje”, sufridora y luchadora, cuya adolescencia y su “vida normal” le fue arrebatada de un plumazo. Es una madre imperfecta, pero es “de carne y hueso” e intenta ser la mejor madre para su pequeño. Mientras que Jacob Tremblay -un prodigio y la gran revelación de la película- es el niño que no conoce otro mundo que él que le ofrece las cuatro paredes de la habitación y la televisión, también es un peque real, con sus alegrías y tristezas, con rabietas, pataletas y todo. En la segunda parte del film, ambos personajes tendrán que aprender a ser, encontrar su lugar en el mundo y a vivir la vida de nuevo, con todo el lastre emocional y las secuelas que llevan a cuestas debido a ese traumático secuestro.

La película trata un amplio abanico de temas, desde la evolución de las relaciones familiares -tanto materno-filial, como madre y abuelos, niño y abuelos-, a la manera cómo unas personas sometidas a un doloroso suceso de gran impacto psicológico y emocional pueden hacer frente a la vida, o incluso el papel de los medios de comunicación.

La habitación te atrapa, te golpea y te conmociona. Es una película que vives, sientes y sufres con y por los dos protagonistas y, en ese sentido, no te deja para nada indiferente. El grado de implicación emocional con la historia que nos están contando dependerá de la tuya propia, si uno tiene hijos, aún la implicación es mayor.  Aunque cualquiera puede sentirse atrapado por esta historia de amor, dolor, sufrimiento, descenso a los infiernos y renacimiento.

Cómo descubre el mundo el pequeño -genial esa “vocecita” que lo relata todo- y lo re-descubre la madre son los elementos más fascinantes de esta película, donde lo más importante no es la historia en sí que nos cuentan sobre maternidad y cautiverio, sino el punto de vista que adopta el relato. Sorprendente y sobrecogedora, La habitación es uno de los dramas más potentes y reveladores de la temporada.

SONIA BARROSO.-

 

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