CYRANO, LA BELLEZA DE LA PALABRA

(1 votes, average: 2,00 out of 5)
Loading...

El orgulloso, romántico, locuaz, de verbo ágil, valiente y pendenciero Cyrano de Bergerac lleva toda la vida profundamente enamorado de Roxanne, su amiga de la infancia. Su amor es respetuoso y cortés pero mantenido a una distancia prudencial, la de la mera amistad, ya que, pese a gozar de una nariz de dimensiones estandarizadas, su corta estatura le confiere un porte que le hace creerse no merecedor de tal reciprocidad. Posee el don de la palabra pero no el de la belleza, sin tener en cuenta que dicho don no perece mientras que el don del que carece es efímero.

Cuando su amada Roxanne se enamora a primera vista del joven y rabiosamente bello Christian de Neuvillette, le pide a su amigo que le cuide y le proteja de cualquier mal; él, incapaz de negarle nada, acude a su llamada participando en un juego a tres bandas que le acerca a su anhelo: demostrarle su amor. Christian, que sí recibe los parabienes de Roxanne, es incapaz de articular cuatro palabras que puedan enamorar a una dama, pero su cuerpo y su rostro sirven como catalizador de los sentimientos de Cyrano, que interiormente asume como una victoria el gozo y la satisfacción de Roxanne por los versos que le escribe en nombre de él. Se conforma con amarla y sentirse amado a través de otra persona, por mucho que en el fondo de su enjuto corazón sepa que él no es más que un peón que nunca podrá unirse a la reina.

Joe Wright, un cineasta de corte academicista y con varias obras de época en su haber, aborda el clásico de la literatura universal Cyrano de Bergerac desde un punto de vista y un estilo diametralmente opuesto a las versiones anteriores. Su Cyrano es una película dialogada en prosa y musical.

Cyrano tiene momentos de todo: la parte más vodevilesca es entretenida, hasta divertida a ratos, mientras que los números musicales rompen la organicidad del resto del relato. Tengo la sensación de que están sacados de la nada y porque sí; sin responder a ninguna necesidad que no sea la de la guionista Erica Schmidt de encajar dichas canciones por razones que se escapan a mi entendimiento. Para muestra un botón: la primera carta que recibe Roxanne de Christian/Cyrano no es leída, sino que la actriz Haley Bennet canta una canción -cuya letra no es la de la misiva- mientras acaricia eróticamente su cuerpo con ella. A mí entender aquí empiezan una serie de malas decisiones. El momento más importante, el inicio del flirteo, cuando Cyrano le escribe por vez primera los sentimientos que se ha estado guardando durante años, nos es robado. En el juego del amor basado en los que se escribe no puedo obviar ese hecho. Y así todo. No tengo nada en contra de los musicales, faltaría más, ni a favor de las revisiones literales del material original, ni mucho menos, estoy en contra de meter cosas con calzador y sin justificación alguna. Pese a ello, el número en las trincheras durante la guerra entre franceses y españoles me parece de primera. Y de segunda, las coreografías.

Peter Dinklage, actor con excelente dicción y sonrisa juguetona, se eleva por encima del resto del elenco. Y no le hace falta ser un gran cantante. Impagable su apenas perceptible reacción durante la secuencia en la que cree que Roxanne está enamorada de él. Haley Bennet encarna a una solvente Roxanne y Kelvin Harrison Jr. a un justito, interpretativamente hablando, Christian. El papel de antagonista, y también pretendiente de Roxanne, De Guiche, recae sobre Ben Mendelsohn; soberbio actor que me recuerda mucho a Jason Isaacs, nunca han tenido el papel que su altura interpretativa merece y cuya filmografía se reduce a villanos de opereta.

Cyrano me retrotrae a películas de otro tiempo; películas que Working Title y Miramax producían a partir de una serie de patrones con la firme intención de arrasar en la temporada de premios: películas de comités. Todas muy correctas, todas bien filmadas, todas incapaces de resistir al paso del tiempo.

Pese a todo, bajo toda esa mezcolanza de ideas y estilos hay una historia, la historia de un hombre profundamente enamorado de una mujer a la que no puede tener.

Hay muchos tipos de amor pero todos comparten un denominador común: el amor duele. De un modo u otro siempre duele.

MANEL SÁNCHEZ.-

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *