¿CULPABLE?

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Aunque ellos lo inventaron, en esto del cine, los franceses no son los más populares del panorama cinematográfico. Sin embargo, el cine “independiente” (cuya etiqueta cada vez parece más forzada) tiene su reducto de seguidores, mayormente cinéfilos de alto cuño, que disfrutan como nadie de ese Factor X que tiene este tipo de películas y más cuando retratan el tema más tabú en las sociedades contemporáneas: El sexo. La perspectiva francesa acostumbra a ser estimulante: Tiene mucho de seductora, de sutil y de psicoanalítica. Y también, de silencio, como si los ecos del silente cine del antaño siguieran vivos…

Todo esto encontró este servidor en El amor es un crimen perfecto, de los hermanos Arnaud y Jean-Marie Larrieu. El film está basada en la novela de Philippe Djian llamada Incidences, y narra la historia de Marc (Mathieu Amalric) un profesor universitario de literatura y escritura creativa que gusta tanto a sus alumnas hasta el punto que éstas caen rendidas a sus pies. La desaparición de una de sus pupilas y la irrupción de la joven madre de la misma, darán un giro a la vida de este donjuan literato.

Al igual que en El extraño, de Orson Welles, el peso de la culpa atormenta al personaje protagonista. No obstante, el film de los hermanos Larrieu acaba discurriendo por una senda diferente, al convertir la conciencia del protagonista en un soliloquio tan desconcertante como hipnótico. La tesis que defiende el propio Marc sobre que el paisaje marca más a un hombre que sus propias experiencias se revelará como arma de doble filo. Y las relaciones que tiene con las mujeres del film, marcará una evolución vital de un hombre confundido que usa la coartada de la experiencia carnal para acercarse a una verdad. Sin embargo, en ese viaje físico está haciendo todo lo contrario: Se abraza a la mentirosa e idílica “realidad”.

De hecho, dichas mujeres parecen un reflejo del protagonista. En mayor o menor medida, son desconcertantes y parece que nos  falta una pieza del rompecabezas. Sara Forestier, Maïween y Karin Viard son esas femmes fatales (todas tres, brillantes) de un film capitaneado por un magnífico Mathieu Almaric quien, a veces, se pierde en la autoindulgencia (le sobran unos minutos y un final más contundente), pero cuyo subtexto me ha entretenido y fascinado a partes iguales. Y eso cada vez me ocurre menos en una sala de cine…

JOAN BOTER ARJONA.-

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