CROONER NÓRDICO

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Del mismo modo que cada persona es un mundo, cada país tambien lo es y por ende, su cultura y cine. Basta con echarle un vistazo a las cinematografias japonesas, francesas o italianas para desgranar sus características, sobre todo respecto al empleo del lenguaje cinematográfico. En el caso de los daneses, su estilo pulcro, gélido y contenido es la forma de entender la narración fílmica. Una sobriedad que le sienta de maravilla a Alguien a quien amar, de Pernille Fischer Christensen, en la que dicho envoltorio ejerce de precisa caja de resonancia para la historia al acoplarse a ella con suavidad y elegancia.

Justamente, es el relato lo menos especial de la propuesta, a pesar de su carga humanista. Thomas Jacob, un cantautor de fama mundial ( un cruce entre Joe Cocker y Nick Cave) regresa a Dinamarca para grabar un nuevo álbum y reunirse con la hija de la que se distanció. Ella le presenta a Noa, su hijo de 11 años antes de que sus vidas cambien para siempre….

Como pueden comprobar, nada nuevo bajo el sol. Pero la emotividad de la historia funciona, sobre todo en los momentos en los que una cámara sobria pero precisa cierra el plano en los personajes para transmitir sus sentimientos de forma antropólogica o cuando los libera a la lejanía de sus cargas emocionales. Un sistema similar al que usó Fernando Franco en La Herida, aunque estamos ante una cinta muy diferente. Se trata de un ejercicio de estilo de drama “nordic style”, en el que sus rasgos más virtuosos se ponen al servicio de una historia sencilla. El resultado dista de ser la octava maravilla, pero es una lección de buen cine con un Mikael Persbrand magnífico, una historia “bonita” ( y para qué negarlo, necesaria) con unos ajustados 100 minutos de metraje y una BSO de escandálo. ¿Aún no se la ha vendido?

JOAN BOTER ARJONA.-

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