CON EL TIEMPO EN SU CONTRA

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Stephen Hawking es uno de los físicos y cosmólogos más brillantes del siglo XX. Y aún resulta más fructífera su carrera, con la formulación de los agujeros negros, los límites espacio-temporales y sus teorías sobre la radiación y el tiempo, porque la llevó a cabo exitosa y paralelamente a su enfermedad motoneuronal degenerativa que le impedía caminar y comer solo e incluso se vio postrado a una silla, teniendo que hablar a través de un aparato generador de voz.

James Marsh plantea La teoría del todo no como un tratado de física, sino, sobre todo, como un drama romántico y de superación personal. Y cuando afirmo esto, no penséis mal, la película no es el melodrama telefilmero de sobremesa que podía haber resultado, sino todo lo contrario.
Sirviéndose de una pareja de actores excepcionales y con una química evidente, Eddie Redmayne (en el papel más entregado de su carrera, sin contar con el esfuerzo de cantar en Los Miserables, de Tom Hooper) y Felicity Jones (qué grandes sentimientos es capaz de despertar con una mirada llena de lágrimas y a la vez, que encierra toda una gama de matices y emociones), Marsh plantea la película como un desafío constante.

Desafío que vivió, no sólo Hawking en su lucha contra el tiempo para superarse a sí mismo, sino, sobre todo, cómo planteó cara al destino adverso sin desfallecer su mujer Jane. Ella fue capaz, -con la ayuda de Dios y con tesón y perseverancia-, de cuidar de sus tres hijos, de él y de llevar adelante su carrera de letras y su tesis sobre poesía mediaval en la Península Ibérica. Y es que en la valentía y fuerza de esta madre y esposa coraje vemos que se cumple el tópico que “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”. Cabe decir no obstante que la película está basada en las memorias que escribió Jane, “Viajando al infinito: Mi vida con Stephen Hawking”.

Así pues, la película se plantea como una lucha constante contra el tiempo y la adversidad, ayudados, él por sus ganas de demostrar en una ecuación los límites del espacio-tiempo, y ella, ayudada por su fe en Dios, ambos movidos por el gran amor que sintieron el uno por el otro. Así que, si no sois unos románticos empedernidos y no os motivan las historias de superación personal, más allá de la biografía y de la ciencia, igual no os interesa tanto esta película. A mí me ha gustado y me ha hecho reflexionar, quizás no hay que quejarse tanto, sino que la clave está en actuar y mirar siempre hacia delante. Eso sí, con la compañía y motivación adecuadas que den sentido y motor a nuestra existencia.

SONIA BARROSO.-

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