COLOSSAL: MONSTRUOS Y CRISIS DE IDENTIDAD

Colossal, de Nacho Vigalondo, es una cinta polémica, extraño cóctel de géneros en una sola película: ¿Es una comedia indie, una rom-com o una de género fantástico con monstruos mediante? Sea como sea, ha provocado polémica y en Facesonthebox no nos posicionamos. Defendemos una postura más a favor y otra más en contra del film y os lanzamos una pregunta: ¿Qué os parece a vosotros, una película ingeniosa o una tomadura de pelo? A mí, particularmente, a ratos me parece una genialidad, al ser una historia de una originalidad abrumadora y otras, una soberana tontería, que no sé por dónde agarrarla. Pero, esta vez, no seré yo quién tenga la última palabra…

SONIA BARROSO.-

A FAVOR: JOSÉ ISAAC PELLICER.-

Siempre voy con miedo al ver una película de Vigalondo. Después de Open Windows me quedaba claro que uno puede esperar cualquier cosa de su cine, tanto en lo bueno como en lo malo, pero al empezar a ver Colossal tuve claro lo que me contaba. Y entré en su juego, me dejé llevar y no pude disfrutar más de su particular comedia romántica. Porque por encima de todo, Colossal es una película que habla sobre relaciones, sobre la transición a la vida adulta, el acabar de vivir como un “adolescente” y tomar las riendas de tu vida y asumir responsabilidades hacia los otros y hacia ti mismo.

Un argumento que no tendría más relevancia de no ser porque se pasa por el prisma del género kaiju japonés. Y aquí es donde uno sabe que está viendo una película de Vigalondo, que bien podría ser también de Edgar Wright, en el cual pensé más de una vez al ver la película como esos tipos de directores que te dicen “voy a rodar una peli de terror” y puedes esperar cualquier contexto detrás de ella que no te esperabas ver a priori. En Colossal a cualquiera que le digas que ves una comedia romántica con Godzilla te tacharían de loco pero allí reside su gracia: en la locura de estar viendo una película y encontrarte con una gran broma, un gran guiño que te intenta decir “ah, ¿qué te creías que ibas a ver?”. Entiendo que no todo el mundo entrará en ese juego pero, gustos aparte, no se le debe quitar peso al hecho que Vigalondo pretende darnos un producto fuera de lo común contándonos una historia de amor-odio-celos mil veces vista cuyos daños colaterales aparecen de la forma más extraña imaginable.

EN CONTRA: IMMACULADA PILAR COLOM.-

Colossal. Durante gran parte del metraje seguimos con entusiasmo las andanzas de Anne Hathaway y su extraño vínculo con ese monstruo que, cual Godzilla, va haciendo de las suyas por Seúl.

La película de Vigalondo funciona muy bien mientras el director abraza la locura y el desenfreno. Durante la primera parte de la cinta el director se aleja de convenciones de género, hace y deshace. Juega con sus creaciones. Y de tan inverosímil, Colossal resulta fresca y entretenida. Vigalondo, que es también autor del guion, adorna de una manera desenfadada un discurso que, por lo demás, podría resultar algo convencional (la cuestión de quién es el verdadero monstruo, las inseguridades de su protagonista, etc.). El juego de no tomarse en serio parece funcionar.

Por todo ello, cuando esperamos esa “explosión final”, es cuando parece que el director echa el freno, adquiriendo una falsa solemnidad. Sea porque el desenlace tarda en llegar más de lo necesario (como en anteriores cintas del realizador, el montaje se explaya innecesariamente en algunas escenas), o porque este parece tener un tono más resignado que el resto de la película, lo cierto es que se antoja una final más cansado que el que el resto del metraje hacía esperar. El reparto funciona, a pesar de que los personajes masculinos no están tan definidos como el de Hathaway. La actriz defiende bien a su personaje aunque el abuso de muecas llegar a resultar excesivo. Al final, queda la sensación que el chiste solo lo ha pillado quien lo contaba.

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