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BORDER: HUMANIDAD VERSUS ANIMALIDAD
enero 11, 2019 Articulos

Border es un shock en el espectador, una de las experiencias más tremebundas y extremas del año. Y no, no estamos exagerando en absoluto. Si os pensáis que es un thriller nórdico más, estáis muy equivocados. La película de Ali Abbasi, basada en la novela del escritor John Ajvide Linqvist, no es apta para personas sensibles ni espectadores sin la mente abierta.

Sin querer revelar mucho de su argumento, pues es necesario ir sin saber apenas nada para dejarse sorprender, diremos que la historia se centra en el día a día de Tina (bestial Eva Melander, en todas las acepciones del adjetivo), una agente de aduanas con un olfato excepcional para detectar a personas culpables y situaciones que se salen de la norma. Un buen día conocerá a Vore (inquietante Aero Milonoff), un ser con el que tiene más en común de lo que en apariencia ya parece indicar.

Narrativamente, la cinta que Suecia manda a los Oscars es muy valiente por todos los temas y reflexiones que plantea en el espectador. Desde la soledad y la búsqueda de compañía, hasta cuestiones más controvertidas, tales como la aceptación de la propia identidad -sea cuál sea- y de dejar fluir (o no) la naturaleza que existe dentro de cada uno de nosotros. Asimismo, plantea cuáles son los límites que separan la bondad de la depravación moral, sean humanos o no, y lo consigue a través de dos protagonistas de gran fealdad física, que se ven «castrados» en su esencia por ser «diferentes» a lo que la sociedad considera «normal», dos personajes que podrían ser vistos como «almas gemelas».

Con puntos en común con Déjame entrar, de Tomas Alfredson  al contarnos la relación de dos seres aislados y muy diferentes. Allí una niña vampira y una adolescente que sufre bullying, y aquí a dos seres entrados en la madurez, Border es tan extraña como desconcertante. Además de sus abundantes referentes simbólicos y mitológicos- atención a la mitología nórdica de la que hace gala el film-, también posee un montón de giros de guión insólitos y una gran riqueza estética, no en vano cuenta con numerosas secuencias tan repulsivas como trastornadoras, de aquellas que se quedan pegadas en nuestra retina y perduran en nuestra memoria durante largo tiempo.

Este cóctel entre drama realista -tan real y árido que duele- y fábula oscura -no deja de ser un cuento mitológico sobre la humanidad versus la animalidad- que abraza el fantástico de manera bestial formaría una excelente sesión con algunos títulos de maestros de la incomodidad, tales como Lars Von Trier y David Cronenberg.

Estamos ante una de las películas más complejas y controvertidas del año. Un consejo: No miréis trailers ni queráis saber más de lo que aquí os apuntamos. Es necesario llegar virgen al cine para que la experiencia sea más intensa y más impactante.

SONIA BARROSO.-

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