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BELFAST: EL CONFLICTO DESDE LA MIRADA DE UN NIÑO
enero 29, 2022 Articulos

Kenneth Branagh es un director norirlandés y no británico, aunque su verdadero amor por Shakespeare, puesto de manifiesto en adaptaciones tan sugerentes y, a la vez, tan personales de obras del Bardo, como Enrique V (su debut tras las cámaras), Mucho ruido y pocas nueces, Hamlet y Trabajos de amor perdidos; e incluso su admiración por Agatha Christie en Asesinato en el Orient Express y Muerte en el Nilopodrían hacer dudar a cualquier espectador de sus orígenes.

Precisamente inspirados en sus raíces y en su identidad norirlandesa se sitúan estos recuerdos en blanco y negro de una infancia tumultuosa en el Belfast de los años 60. Así podría resumirse Belfast, hecha de retazos autobiográficos del propio Kenneth Branagh, su director, que vivió de niño en primera pèrsona. Historia personal y familiar que se entremezcla con la historia política de la ciudad. Branagh se sumergirá en sus propios recuerdos para tejer la historia de Buddy, un niño de 9 años de clase obrera que sueña con escaparse de la realidad a través, por ejemplo, de la gran pantalla. No en vano, el director de Mucho ruido y pocas nueces, Hamlet, Morir todavía y Los amigos de Peter reflejará la fascinación por algunas películas de aquella época -en algunas preciosas secuencias al estilo Cinema Paradiso-.

Belfast también ha de sentirse como una carta de amor al cine, una oda a la familia, representada por los padres del niño protagonista (Jamie Dornan y Caitriona Balfe) y sus abuelos (Judi Dench y Cirian Hinds), una familia que desprende unidad y amor, a pesar de las circunstancias adversas a las que tendrán que hacer frente.

La película tiene como telón de fondo los disturbios entre nacionalistas irlandeses católicos y partidarios británicos protestantes producidos en Irlanda del Norte en 1969 y, concretamente en la capital Belfast, que es dónde fueron más crudos y sangrientos, dando como resultado la muerte de 8 personas, centenares de heridos y mucha gente que tuvo que abandonar sus hogares, como fue el caso del propio Branagh en su infancia, que se vio obligado a emigrar de Belfast a Reading (Inglaterra) con su familia. Y, aunque el film toma como punto de partida los orígenes del conflicto de Irlanda del Norte, no es una cinta que se centre en el clima sociopolítico, como sí lo hacen otros títulos de Jim Sheridan, Neil Jordan o Ken Loach. A diferencia de sus compatriotas, a Kenneth Branagh le interesa reflejar esa realidad desde la mirada de un niño y también centrarse en cómo el conflicto norirlandés afectó a las familias y a sus relaciones con sus vecinos, desde la perspectiva del personaje de Buddy y de su núcleo familiar.

Se trata de un melodrama íntimo, escapista y esperanzador, a pesar de la dureza de lo que se está relatando. No se regodea en el drama, sino que arroja luz y belleza, ayudándose de una fotografía espectacular en blanco y negro de Harris Zambarloukos, de una preciosa banda sonora de Van Morrison y de unos actores que iluminan la pantalla, desde la mirada que va perdiendo la inocencia, aunque no la ilusión del debutante Jude Hill, hasta las magnéticas composiciones de Jamie Dornan y Caitriona Balfe o la ternura que irradian los abuelos Judi Dench y Cirián Hinds. Una filigrana fílmica, tan hermosa en la forma con en el fondo, narrada con buen pulso, emotiva, aunque sin caer en el fácil sentimentalismo.

SONIA BARROSO.-

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