AL PACINO: UNA LEYENDA VIVA DESDE SUS INICIOS

Si alguien merece hoy en día ser definido como leyenda viva ése es nuestro protagonista de este  Stars On The Box. El señor bautizado como Alfredo James Pacino, o Al, comúnmente. Vamos a  recorrer sus décadas cinematográficas y televisivas a modo de homenaje y felicitación para uno  de los actores más influyentes y que ha más ha influido en las hornadas actuales de actores , -sin ir  más lejos, Javier Bardem nunca se ha escondido de haberlo tomado a él como referente)-.

Nacido un 25 de abril de 1940 en Manhattan, este hijo de padres italo-americanos enseguida  demostró a muy temprana edad dos cosas: Que era mal estudiante y que tenía predilección por la  interpretación, lo único que le motivaba. Por ese motivo, empezó a participar en obras de teatro  estudiantiles y vio que ése era su futuro, la interpretación. Después de un periodo deambulando  entre audiciones y demás consiguió entrar en la famosa escuela Actor’s Studio donde conoció a  su director, el actor Lee Strassberg, -con quien llegó a trabajar en varias ocasiones)- y que fue quién le enseñó  el llamado Método interpretativo derivado del Stanislavski , que generaría una hornada de  actores, como Pacino o Dustin Hoffman, entre otros desde sus filas.

En su primera etapa  interpretativa, la década de los años 70, Pacino destacaría por interpretar algunos personajes  icónicos hasta la actualidad y por conseguir en sus 9 primeras películas 5 nominaciones al Oscar  (cuatro de ellas consecutivas). Empezando por su debut en la película Yo, Natalia en un breve  papel allá por 1969 su primer papel protagónico le vino en 1971 en la película Pánico en Needle  Park donde interpretaba a un camello y adicto a la heroína.  

Pero luego llegó el papel que le definió en gran parte de su carrera. El icono que aún a día de hoy  se venera. En 1972 -el año próximo se cumplirá el 50 aniversario y, seguramente, tendréis un especial en Facesonthebox dedicado)-,se estrenó El padrino y conocimos a Michael Corleone.  Pacino nos brindó la que sería su primera nominación al Oscar y un personaje qua acabaría  siendo eterno. El hijo pequeño de Don Vito Corleone al que nos presentan como el buen hijo, el  soldado que va a la guerra a luchar por su país y que vuelve a casa para celebrar la boda de su  hermana Connie, presentar a su novia a su familia y reencontrarse con viejos amigos. Cuando  todo se tuerce y su padre, al borde de la muerte necesita un sucesor, es él quien decide tomar las  riendas (incluso en contra de lo que quería su padre, que siempre quiso que él se alejara de los  negocios familiares) y asumir el liderazgo. Esta primera parte de lo que luego se convirtió en una  trilogía nos muestra el alzamiento de Michael, su decisión de lidiar con el legado familiar y asumir  la carga de los pecados del pasado, presente y futuro. 

Tras una interpretación tan importante Pacino no se quedó en el Limbo y encadenó otro proyecto  menos conocido, Espantapájaros junto a Gene Hackman, y la que sería su segunda nominación al  Oscar, Serpico, y otra vez otro personaje icónico que pasaría al recordatorio de la época incluso  en su estilismo (la barba se puso de moda en parte gracias a él). Un policía honrado hasta la  médula rodeado de corrupción hasta donde alcanza la vista y obsesionado con acabar con ella  contra viento y marea. Aunque no sea de mis interpretaciones favoritas de él, nada quita que su  papel fuera como siempre, intenso, convincente y agotador. Ya se empezaba a ver la que sería su  seña de identidad. 

Al año, 1974, tercera nominación al Oscar y reencuentro con Michael Corleone en la secuela de El  padrino, la que sería la parte 2. Si la primera parte vimos el alzamiento de Michael, aquí vemos su  consolidación, en una historia partida en dos momentos temporales, el presente donde Michael  tiene una lucha de poder ante un viejo amigo de la familia, Hyman Roth (que lo interpretaría su  profesor y mentor Lee Strassberg) y en paralelo vemos a un joven Vito Corleone sembrando las  semillas de lo que sería el sentido de la familia Corleone en el presente (interpretado por otro  actor legendario al que han comparado eternamente con Pacino, Robert De Niro, con el que  acabarían cultivando una gran amistad). En este segundo capítulo tenemos una de las escenas  más desgarradoras, icónicas e incluso imitadas de la saga, el beso más letal y triste que se haya  visto y el que acabaría siendo el mayor pecado cometido por Michael y marcaría el devenir de su  vida futura.

En 1975 la que sería su cuarta nominación al Oscar, la formidable Tarde de perros donde junto a  su hermano en El padrino John Cazale eran una pareja de pobres desgraciados que atracan un  banco y acaban metidos en un show mediático, en un espectáculo donde todo se sale de madre  y acaban convertidos en héroes de la case trabajadora en un guión tremendo escrito por Frank  Pierson (que ganaría el Oscar) y dirigida por Sidney Lumet. Una olla a presión que va de menos a  más donde Pacino demuestra ser un auténtico fenómeno controlando la tensión y dando una  interpretación tanto emocional como física cuando lo requiere. 

En los años venideros tras ese cuarteto mágico de interpretaciones, Pacino se lo tomó con más  calma y en 1977 en Un instante, una vida dirigida por Sidney Pollack ofreció un papel algo más  ligero, aunque fuera en un drama romántico, y coger fuerzas para otra interpretación intensa y  otra nominación al Oscar, en 1979 y la que para mí es una de mis favoritas de sus  interpretaciones, la sorprendente Justicia para todos. En este caso vemos a Pacino en una  interpretación gloriosa de una especie de Serpico en el mundo del derecho y la abogacía, rodeado una vez más de gente corrupta y desequilibrada (brutales los papeles de Jack Warden y  de un joven Jeffrey Tambor) y acompañado otra vez por su querido Lee Strassberg. Sólo el  soliloquio final merece todos los aplausos y nos da una visión mordaz y ácida del mundo de los  abogados y la ética. 

Lo dicho, un actor iniciando su carrera y encadena 5 nominaciones al Oscar. Lo que se podía  esperar de él que nos depararía el futuro no era más que un atisbo de lo que iba a llegar. 

LOS 80´S

En el inicio de la década de los 80 destaca una de las perlas de su filmografía: El remake de Scarface, el Precio del Poder, de Brian de Palma. Su rol como Tony Montana se ha convertido en un icono vintage multi referencial dando pie a pósters, camisetas y gifs de Internet en nuestra era. Y para esta versión, Al Pacino se preparó el rol de forma exhaustiva: por un lado fijándose en la ruda expresión de Paul Mani en la original y por otro mudándose a Miami para construir a través de las miradas, los gestos y el acento del personaje (incluso aprendiendo a luchar con cuchillos gracias a un experto)

Sin embargo, las criticas fueron negativas y mas afiladas que los cuchillos que el actor manejó durante el rodaje. Y es que aunque durante esta década tenemos varias joyas del actor, eso no fue sinónimo de éxito comercial. Así que tras la mala recepción de sus últimos films como la citada Scarface, Cruising y sobre todo Revolution, se alejó durante 4 años del cine de grandes estudios. ¿Y que hico mientras tanto? Pues el actor se dedicó a producir, montar y protagonizar un mediometraje que nunca llegó a estrenarse en cines …pero oye, se proyectó en el MOMA. Pero claro, como este proyecto fue un fracaso, Pacino volvió a primera línea con Melodía de Seducción, que si consiguió el ansiado éxito crítico y de público. En este film de Harold Becker, Al Pacino intentaba descubrir a un asesino en serie mientras mantenía una “intensa” relación con Ellen Barkin en un film que antecede el boom del thriller erótico de los 90.

Sin embargo, de esa etapa alimenticia personalmente me quedo con Dick Tracy, -probablemente la primera película que vi del actor sin saberlo-. En ella, un irreconocible Al Pacino se maquillaba a lo cartoon para convertirse en el histriónico villano de la función: El líder mafioso Bambino Caprice . Un divertimento con una estética irreal y atractivamente colorista con un Vittorio Storaro en estado de gracia y donde el Al Pacino mas desatado estaba como pez en el agua.

Tras estos éxitos, Pacino aceptó participar en la tercera entrega de El Padrino. ¿Y que decir de ese final? Pues que sí, es la mas floja de las tres: Gordon Willis realiza el trabajo mas impersonal de la trilogía, Sofia Coppola como actriz de última hora no esta al nivel del resto y nos falta Robert Duvall como el consiglieri. Pero también que la trama de expiación unida a los entresijos mafiosos y vaticanos tiene mucho jugo y que F. F Coppola aún es F. F. Coppola. Y que el resto del reparto empezando por Al Pacino encarnando un (¿arrepentido?) anciano Michael Corleone esta magnífico. Sin olvidar, lo mas destacable: el final de la trilogía cumple. Por un lado, con un plot twist final a la altura de la saga seguido por una de esas imágenes imperecederas del cine sobre la soledad. Y en ambos momentos, Al Pacino lo borda.

CONTINUARÁ…

JOSÉ ISAAC PELLICER/JOAN BOTER.-

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