AKELARRE CON TXACOLÍ

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El show de Álex de la Iglesia vuelve a la carpa de su circo. Después de intentos de contención sin perder sus rasgos de identidad como la internacional Los Crímenes de Oxford, su paso por la valleinclanesca revisión de el ADN castizo en Balada Triste de Trompeta, sigue dejando huella en su cine. La furia, mala uva y ese gusto por el gore trash aderezado de la autoparódica picaresca de la casa, se sumerge más que nunca en la era Youtube para hacer una triste radiografía de la actualidad de nuestro país. A brochazos gordos. Sumergiéndose como nunca en el mainstream entendido como forma de canalizar sus paranoias; sin abandonar un ápice el hombre que parió Acción Mutante y El día de la Bestia.

El director vasco usa dos de las caras más “comerciales” del cine patrio para interpretar a los dos muñecos de vudú con los que se divertirá haciéndoles sufrir entre carcajadas y mutilaciones. Desde el minuto uno, el film consigue que  los personajes transmitan empatía al público. Empezando por el dúo protagonista con un Mario Casas autoparódico y un Hugo Silva padrazo hasta con la pareja de policías de relación difusa (Pepón Nieto y Secun de la Rosa). Y no nos olvidemos de Carmen Maura, que con su sonrisa irónica se gana la platea sin pestañear.

Álex de la Iglesia consigue una película que, a pesar de su apariencia de frenesí histérico y descontrolado, lleva las riendas de forma maestra entre salvajismo, mala uva y humor corrosivo , lleno de referencias culturales que se canibaliza para llegar al público sin perder el mensaje. Después de una magnífica primera hora, dónde presenta los personajes y se pone el público en el bolsillo, Álex saca realmente la película que quiere hacer y parece perder un tanto el norte. La acumulación de efectismos, violencia, espasmos vitriólicos acaban apagando las risas de un clímax excesivamente barroco en su forma y contenido.

Así llegamos al último tercio, ya agotados por tal despliegue de medios. Hay que reconocer que, con un uso más comedido de los mismos, hubiéramos degustado de mejor grado su última obra, no obstante es más que posible que hallan espectadores a quienes realmente les encante su última propuesta. Para gustos, Las brujas de Zugarramurdi.

En definitiva, no es su mejor película porque acaba algo exhausta en sus últimos compases pero es un gran blockbuster marca de la casa, que gustará sobretodo a los fan de Álex de la Iglesia. Y a los que sepan reírse de nuestras miserias vistas a través de un espejo deforme y maldito…

 JOAN BOTER ARJONA.-

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