A MIDSOMMAR BAD DREAM

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Midsommar, de Ari Aster, tiene potencial, tanto en su historia -una pareja de norteamericanos en crisis y sus amigos que se van a las festividades del solsticio de verano a una pequeña comunidad de Suecia, sin imaginarse que van a vivir una pesadilla aún peor que la de su difícil relación-, como en sus poderosas y extrañas imágenes, y en su protagonista, la sobresaliente Florence Pugh (Lady Macbeth, La chica del tambor). Aunque, lamentablemente, desaprovecha su excelente arranque y la progresiva transmisión al espectador de sensación de angustia con una parte final que cae en el despropósito, en lo grotesco y en lo ridículo. Y aún no sé si esto sucede por agotamiento, por incoherencias del guión o porque su director no sabe cómo acabar de hilvanar una trama brutalísima.

Entre lo sublime de la ceremonia ritual, los vestidos blancos, las flores de los peinados de los lugareños, los paisajes de esa localidad sueca, el interesante estudio sobre la toxicidad/maldad de las relaciones humanas y el despropósito final de una trama que Aster plantea de modo muy atractivo, pero que no consigue rematar, se mueve esta película.

Una película que cuenta, a priori, con elementos narrativos, sonoros y visuales impactantes, de aquellos que «hacen volar la cabeza». Desde mi punto de vista, a pesar de la excelencia del material de partida, la historia se acaba desinflando como un globo y termina por agotar al espectador, que tiende a desconectar de lo que se le muestra (o no) en pantalla. Es decir, que Midsommar es un viaje pesadillesco, una travesía desde la belleza hasta el horror y la maldad, que promete mucho más de lo que finalmente da.

Si hablamos de terror folk o pagano, subgénero en que la cinta de Aster se inscribe, nos quedamos con The Wicker Man(El hombre de mimbre, 1973), sin lugar a dudas.

Aún así, estamos ante un film arriesgado y difícil de procesar, de difícil digestión, por la visceralidad y la incomodidad que provoca su visionado, y que creará una corriente de amores y de odios a partes iguales. A pesar de que no me ha convencido del todo, pienso que debe ser vista para posicionarse, tal y como sucedió con su ópera prima Hereditary. Ya que a Midsommar seguramente le ocurrirá como otras cintas de terror actuales, tan inclasificables e «indigestas» como Mother, de Darren Aronofsky y Suspiria, de Luca Guadagnino.

SONIA BARROSO.-

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