NO MATARÁS Y COMRADE DRAKULICH EN SITGES

Hoy viajaremos de una Barcelona agobiante y pesadillesca que nos retrata No matarás, a una Budapest setentera con la historia de un camarada vampiro llegado de Cuba en Comrade Drakulich.
¿Qué pasa cuándo un chico normal y corriente, un poco inseguro de sí mismo, se deja llevar y acaba haciendo lo que otros quieren de él? Eso es lo que le sucede al protagonista de No matarás, interpretado por Mario Casas, un joven agente de viajes quien, tras la muerte de su padre, su hermana le regala un viaje de ensueño. Pero la noche antes conocerá a Mila, una joven tatuadora sexy, descarada y muy atrevida que le pide dinero para pagar en una hamburguesería. Lo que podía haber sido una noche loca se convertirá en una velada de pesadilla, tan demencial como salvaje. Y no explicamos más para no desvelaros detalles de su trama.
El descenso a los infiernos que nos propone el director catalán David Victori cada vez se vuelve más asfixiante a la par que la música y las imágenes nocturnas, con muchos neones, se van intensificando. Todo ello para que el espectador sienta la locura, la angustia y la desesperación que va experimentando su sufrido protagonista en su deambular por Barcelona. Hay situaciones tan exageradas e increíbles, que no sabes hasta qué punto lo que plantea este violento thriller podría ser real. Aún así el «mal viaje nocturno» de Mario Casas, en un rol muy distinto a los que nos tiene acostumbrados, es alucinante. Hasta un final que nos deja en la mayor de las incertidumbres.
La húngara Comrade Drakulich, de Mark Bódzsár, es una rara avis en el cine de vampiros al aunar una historia de espionaje con comedia ambientada en la Budapest de los 70’s. Cuándo entra en escena el atractivo camarada Fabián llegado desde la Revolución Cubana, sus extraños comportamientos hacen que Laci, un camarada, miembro de servicio secreto, que está emparejado con María, una astuta agente del partido, empiece a sospechar que Fabian es un vampiro y a investigarle. A partir de ahí, se desarrollará una trama salpicada de romances imposibles, comedia rocambolesca, costumbrismo y espionaje, aunque de modo bastante peculiar.
Quizás no es tan loca como nos esperábamos, ni aprovecha del todo el panorama de la guerra fría ni el comunismo. Aún así, la atracción y tensión entre dos de sus protagonistas, contemplar a la ciudad del Danubio desde su uno de sus famosos balnearios, el Szechényi hasta el Parlamento y la comicidad de sus situaciones hacen pasar un rato muy entretenido. Y atención a un final más que sugerente.
SONIA BARROSO.-

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *