6 UNDERGROUND: BAY DESATADO

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A veces me pregunto que pasaría si Walter Benjamin, ese pensador que en el primer tercio del siglo pasado reflexionaba sobre la mirada distraída de los consumidores ante la saturación de imágenes capitalistas, resucitara y viera una película de Michael Bay. Probablemente, le daría un patatús que le haría regresar de nueva a su tumba porque el cine de Michael Bay es la hipérbole de todo aquello que el filósofo ponía en la palestra elevado a la máxima potencia. Su montaje rápido, sus imágenes sobresaturadas, su cámara lenta gratuita y la (casi) neutralización de la narrativa en pro de la pirotécnica histérica y compulsiva dentro de los parámetros del régimen de lo absoluto…Michael Bay es todo eso, 6 Underground no solo no es menos, si no que además aquí al haberse quitado el andamiaje del blanqueamiento HASBRO que tenia que sufrir con sus Transformers; Michael Bay está más desatado que nunca, disfrutando de la calificación R como cuando Deadpool cuando aterrizó en la gran pantalla.

No en vano, Ryan Reynolds es el protagonista de esta cinta dirigida por el californiano y con guion de Paul Wernick y Rhett Reese (guionistas de la sagas Zombieland y la citada Deadpool) que nos cuenta su propia versión de las cintas de acción grupales, desde Misión Imposible, Los Mercenarios, Fast and Furious  o hasta Ocean’s Eleven: la historia de un equipo de 6 tipos con recursos infinitos que quieren derrotar a un dictador para que el mundo sea un lugar mejor. No mucho que rascar de su premisa mas allá de la ironía implícita que sea Michael Bay quien pretenda concienciarnos de los males del mundo. Más aun cuando el film cita a Shakespeare y reflexiona sobre el arte a través de su épica grandilocuente. “En el arte, los héroes siempre ganan. En la vida real, es distinto” dice el villano en un momento del film dejando en claro la postura sobre la relación entre cine (ficción) y realidad de la cinta; aunque en la práctica lo verosímil resulta tan anecdótico como los monumentos florentinos afectados al inicio del relato (una puñetera locura), axioma que luego se prolongará en Hong Kong y la alocada escena final con gagdets, revoluciones express imposibles y libertadores del product replacement.

Sin duda alguna, esta cinta no ayudará a reconciliarse con sus detractores. Si bien el libreto no te restriega el patriotismo USA como otras del cine de Michael Bay ya que los protagonistas están fuera del sistema (aunque alguna que otra bandera se cuela el plano), su estética de anuncio y su predilección por el turismo de masas y del petrodólar es un subtexto tan evidente que solo tiene dos caminos: ser consciente de ello e ignorarlo en pro del entretenimiento o echarle las manos a la cabeza  durante 130 minutos y lamentarse de la desfachatez. Yo he tomado el primer camino, y he de decir que he disfrutado de la cinta; sabiendo del mismo modo que esto no era El Irlandés o Marriage Story y que el chip ante estos productos baythem tiene que ser distinto al de cintas como los que acabo de citar. Además, a pesar de su montaje sincopado, reconozco que he podido distinguir mejor la acción que la mayoría de escenas de acción de Transformers, algo que me sacaba de esa saga y que aquí, por fortuna, no me sucedió (aunque aquí no vale tampoco pestañear)

Y es que este film tiene tantos placeres epidérmicos y ritmo (cuando mas acción mas funciona su cine, a excepción quizá de su gran obra Dolor y Dinero con la que comparte esta su insano humor) que se le perdona incluso ese pequeño bache tras la persecución florentina antes de volver a coger impulso. Al fin y al cabo, incluso este “auteur” tiene presentar mínimamente los personajes aunque sea de forma histérica; debido a que aun no ha llegado hasta esa abstracción absoluta de 2 horas de explosiones sin control que parece querer abrazar su cine (le queda poco, eso si).  Así que, mientras llegue ese momento y los puristas preparan sus armas, los amantes de la acción sin complejos podemos disfrutar esta versión sangrienta de su cine con chistes políticamente incorrectos, personajes tan locos como esa ex agente de la CIA terminator de una Melanie Laurent desatada o un Ben Hardy haciendo parkour filmado con GoPro; sin olvidar y en definitiva, que en el fondo, su épica cíclica para la generación TDHA quizá nos entretiene entre otras cosas porque también nos define, incluso con sus múltiples contradicciones, más de lo que en un principio queríamos reconocer.

JOAN BOTER.-

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