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LA TRINCHERA INFINITA: ESCONDIDOS
octubre 31, 2019 Articulos

Hace 5 años Jon Garaño y Aitor Arregi nos sorprendieron con ‘Loreak’, una pequeña película rodada en euskera sobre el peso de la pérdida. La película fue nominada a varios Goya y eso les supuso más presupuesto para rodar ‘Handia’, una producción más ambiciosa sobre un gigante en un pequeño pueblo vasco tras la Primera Guerra Carlista que, sin embargo, seguía envuelta en esa intimidad marca de la casa que ya nos habían mostrado en su film anterior. Para ‘La trinchera infinita’, ruedan por primera vez en castellano y se les suma José Mari Goenaga a la dirección, siendo éste el mejor trabajo del dúo, ahora convertido en triunvirato. 

La cinta que nos ocupa nos cuenta la historia de Higinio, un «rojo» convencido que decide cavar un agujero en su casa para esconderse de los soldados de Franco que, según él, van tras suyo al considerarle una persona peligrosa, bien por sus actos (que nunca quedan muy claros) o por sus ideas, como por desgracia pasó en ese capítulo de nuestra historia. Este encierro durará más de treinta años ya que, el miedo a salir a la calle de Higinio aun habiendo pasado los años se ha acrecentado, así como se ha convertido en sun ser receloso y obsesivo, como puede comprobar Rosa, su mujer y la única que sabe que él se encuentra allí. 

La cinta se sustenta en dos actuaciones formidables de Antonio De la Torre y Belén Cuesta, a los que te crees como ese matrimonio que está siempre al borde de resquebrajarse pero que tiene más aguante que el de Antonio y Merche Alcántara. Si De la Torre está igual que bien que siempre como Higinio, ese ser atemorizado y obsesivo que ha perdido la cabeza tras un encierro forzoso, la que se lleva la película es Belén Cuesta, su sufridora esposa y los ojos del espectador a lo que está pasando. La andaluza nunca me había convencido hasta aquí, en la que nos transmite todo el padecimiento de Rosa, una señora como podría ser mi madre o la vuestra que ve cómo de golpe la vida te puede cambiar 360o por decisiones ajenas. 

El acento andaluz de los dos es otro aspecto fundamental para que la película parezca más realista, por mucho que mi querido Boyero no esté de acuerdo, así como el buen empaque visual de la misma, algo de lo que no dudábamos al haber visto ya los filmes anteriores de los directores. 

‘La trinchera infinita’ tiene todos los números para estar nominada a varios premios este años y todos serán merecidos. Espero que la gente se deje de lo de «otra más de la Guerra Civil» porque no es eso, sino la historia de un matrimonio al borde del colapso por culpa de las dichosas guerras de ideas, por desgracia muy presentes estos días. Dejad vuestros prejucios atrás y disfrutad de la cinta, me lo agradeceréis.

HÉCTOR GARCÍA.-

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