THE LIGHT OF MY LIFE: POR MI HIJA MATO

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Casey Affleck, el hermanísimo hasta hace poco, debuta en la dirección de un largo (lo de I’m still here cuenta como documental) con esta epopeya paterno-filial a medio camino entre La carretera e Hijos de los hombres. En un mundo futuro en el que un misterioso virus ha terminado con todo el género femenino, un padre (el mismo Affleck) y una hija, la única superviviente, recorren los profundos bosques de una parte recóndita de Estados Unidos con
miedo a ser atrapados, ya que, al ser la niña la única mujer que queda en el planeta , que sepamos, quién sabe lo que podría pasarle en caso de caer en manos de ciertos hombres desagradables que pululan por esas inacabables carreteras secundarias. De ahí que la criatura luzca como un chico y, en público, sea tratada como tal.


Últimamente es muy recurrente este tipo de historias en el cine, sin ir más lejos y más allá de los dos ejemplos antes mencionados, el año pasado se estrenaba No dejes rastro (aquí, incomprensiblemente, la pasó directamente Movistar), una historia de corte similar aunque sin el toque fantástico. La puesta en escena de Affleck, también guionista del film, es muy solvente y sabe crear empatía con los dos protagonistas, el problema viene cuando hay que salirse de lo trillado, cosa que no consigue. El guión está repleto de lugares comunes y escenas intercambiables con las cintas anteriores, lo que hace que el resultado final se resienta. Al igual que su excesiva duración, provocando algunos momentos de tedio y escenas redundantes que no pasan de ser mero relleno.


En el apartado actoral, así como en su preciosa fotografía, es donde más brilla la cinta ya que, tanto Affleck como Anna Pniowsky tienen mucha química y en sus personajes se ven bastantes matices. El bueno de Casey ya demostró en la magnífica Manchester frente al mar que es un gran actor y, tras un tiempo en el que le habíamos visto poco (el desayuno de Rooney Mara salía más que él en A ghost story ) parece que vuelve a coger la buena senda, la misma que le llevó a ganar el Oscar por la cinta ambientada en la Manchester de Boston. Y oye, qué maravilla escuchar ese acentazo tan marcado que tiene de la capital de Massachusetts. En definitiva, La luz de mi vida es una película que llega algo tarde y que no aporta nada nuevo, pero tiene cosas y momentos que me generan la certeza de que el pequeño de los Affleck apunta a gran director. Hay vida más allá de grabar a Joaquin Phoenix puesto de ácido.

HÉCTOR GARCÍA.-

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