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DÍA DE LLUVIA EN NUEVA YORK: RUTINA EN NY.
octubre 8, 2019 Articulos

Esperaba lo nuevo del maestro Allen con expectación, no ya por su interés artístico ya que su cine lleva años sin darme nada interesante, si no por todo el escándalo que ha habido con las denuncias de ese sector bonachón y puritano de la sociedad que acusa y vilipendia a una persona aun habiendo decisiones judiciales a su favor desde hace años, y que esta vez ha intentado boicotear y destruir la imagen pública del cineasta neoyorquino, habiéndosele sumado Amazon, la productora del proyecto que canceló el estreno por miedo a las represalias de cuatro asociaciones de tuiteros enfadados. Felizmente, la cinta ha podido distribuirse internacionalmente, no así en USA, y somos muchos los cinéfilos que hemos podido disfrutar de nuestra cita anual con el cine de Woody. Otro tema es que tampoco hubiera pasado nada si la cinta hubiera seguido guardada en un cajón a perpetuidad. 

De un tiempo a esta parte, el cine de Woody Allen denota un cansancio creativo importante, habiendo alguna excepción notable como Blue Jasmine o la poco recordada Irrational Man. En Día de lluvia en Nueva York volvemos a las clásicas historias cruzadas del cineasta, esta vez teniendo como alter ego a un Timothée Chalamet más perdido que Griezmann en la banda izquierda del Camp Nou , que interpreta a un univesitario muy leído, como no podría ser de otra forma, que junto a su pareja (Elle Fanning) viajan a Manhattan para pasar un fin de semana aprovechando que ella tiene que entrevistar a un director de cine muy famoso (Liev Schreiber, aquí lejos de su icónico Ray Donovan). En ese lluvioso fin de semana se irá encontrando con los típicos personajes neuróticos marca de la casa, la crisis existencial de turno y las clásicas bromas sobre sexo, arte y religión. Hasta Ortega y Gasset aparece mencionado en una de las charlas obre arte que pueblan el metraje. Ir a ver el cine de Woody Allen se ha convertido en una religión para muchos de sus devotos, que pueden ser hasta más pesados que los fans de Marvel o Star Wars, la mayoría de veces incapaces de asumir el agotamiento que denota el cine de un tipo que, si bien es un genio, es inviable que pueda regalarnos una obra de arte al año, por una simple cuestión de probabilidades. Y si bien en cada película de Allen puedes rescatar un personaje, un gag o una anécdota, en esta cinta me será muy difícil destacar algo, suponiendo para el que escribe su peor trabajo desde el esperpento que rodó en Roma. Hasta Vicky Cristina Barcelona tiene momentos más logrados, ni que sea por el gran secundario que le regala a Penélope Cruz. Aquí todo es rutina, momentos ya vistos, diálogos que prácticamente te sabes de memoria y personajes cansinos como los de Chalamet y Fanning. Sus historias son aburridas y carecen de interés, y no logran transmitirte que estás en un film de estas características, de hecho, los mejores momentos se los lleva Selena Gómez, un personaje que aparecerá en la vida de Gatsby (sí, así se llama el protagonista) para darle una vuelta importante. Alguna anécdota destaclable es la del señor que quiere dejar a su pareja porque ríe como el Joker o Janice de Friends, pero no es más que un pequeño oasis en el desierto. 

Imagino que la cinta gustará mucho a ese sector más afín a Allen, especialmente la crítica europea, dispuesta a abrazar cualquier cosa que venga del director de Annie Hall por mediocre que sea, cosa que me quedó clara al ver las carcajadas de cierta parte de la flor y la nata de la crítica barcelonesa en el pase de prensa de la película. El caso es que el año que viene Woody estrenará la película que ha rodado en San Sebastián, otra vez con repartazo y alejándose de su querida New York para volver a esos tours europeos que tanto daño han hecho a su creatividad, con honrosas excepciones como la memorable Match Point (para mí su mejor película) o la simpática Midnight in Paris, pareciendo más postales dedicadas a esas ciudades que filmes en sí. El caso es que ahí estaremos, expectantes ante lo que pueda contarnos un señor que, pese a su decadencia artística, ha hecho tanto bien por el séptimo arte que siempre tendrá nuestro voto de confianza y predisposición intacta.

HÉCTOR GARCÍA.-

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