ALITA, ÁNGEL DE COMBATE: MÁS CAMERON QUE RODRÍGUEZ

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El mastodóntico James Cameron llevaba años intentando sacar adelante la adaptación cinematográfica del aclamado manga Gunnm, de Yukito Kishiro. Finalmente, una vez el director canadiense entró en el mundo de Avatar y sus futuras secuelas, los fans parecieron dar por perdido el proyecto. Sin embargo, Cameron decidió seguir adelante con él en la tarea de productor y guionista, y pasó la batuta del proyecto a Robert Rodríguez.

La historia de Alita: Ángel de combate nos presenta a Alita (Rosa Salazar) un cyborg del que solo queda su cabeza que es encontrada por el doctor Ido (Christoph Waltz). Después examinarla, Ido descubre que en su interior se encuentra su corazón y alma aún con vida, lo que le lleva a reconstruirla y otorgarle un cuerpo nuevo. Una vez despierta sin recordar nada sobre su vida pasada, Alita debe ir aprendiendo a vivir en un nuevo mundo con la ayuda del propio doctor y de su nuevo amigo Hugo (Keean Johnson), mientras descubre que no es un simple cyborg, sino que posee habilidades especiales.

Las adaptaciones de mangas al cine americano, además de no estar exentas de polémicas debido a las nacionalidades de los actores, siempre suelen fallar al perder la esencia del original al que adaptan. Para muestra tenemos desastres como la adaptación de Dragon Ball o medias tintas como fue Ghost in the Shell. A diferencia de las dos obras citadas, no estoy muy familiarizado con la obra de Kishiro, por lo que no podría decir si corrió mejor suerte que estas como adaptación, ahora bien, como largometraje es una película muy buena por sí misma.

Puede que Cameron cediese las tareas de dirección, sin embargo su mano está presente en todo momento. Es más, llega a ser tan evidente su presencia en la toma de decisiones que teniendo tras las cámaras a un director con tanta personalidad como Rodríguez, este desaparece a favor de Cameron. Se podría decir que es con mucha diferencia la película menos Rodríguez de toda su filmografía, a penas algunos restos aquí y allá de su marca, pero poco más –me atrevería a decir que solo se deja ver realmente en la escena de la pelea entre los personajes interpretados por Rosa Salazar y Eiza González. Si bien no soy partidario de la intervención del productor en lo que a tareas de dirección se refiere –tenemos infinidad de ejemplos que demuestran que no es una buena idea-, en este caso quien está detrás de la producción es uno de los mejores directores de blockbuster, alguien que sabe sacar todo el partido al presupuesto y devolverlo con creces en taquilla, mientras entrega al público un productor de entretenimiento con calidad.

Por su parte, los actores se lo pasan en grande con sus personajes, Christoph Waltz está desatado, sabe contenerse lo suficiente para ciertas escenas más dramáticas, pero básicamente juega con el personaje que le han dado sabiendo dónde está en todo
momento. Jennifer Connelly está majestuosa como siempre, su personaje es quizá el que más aristas tenga lo que le otorga una mayor gama de posibilidades a la actriz que no desaprovecha, y por supuesto destaca también Rosa Salazar, quien puede pasar de ser la persona más tierna del mundo al arma más peligrosa en un abrir y cerrar de ojos. El resto de secundarios cumplen sin desentonar ninguno, además de encontrarnos algunos cameos bastante sorprendentes.

El principal escollo que encontramos en la película es la sensación constante de que nos están preparando para lo que vendrá en las secuelas, lo cual no es malo pero sí da esa sensación de que aún podría haber dado más.

En definitiva, estamos ante el que será uno de los mejores blockbusters del año, una película sin mayores pretensiones que entretener, cosa que hace de maravilla, que hará las delicias de los aficiones y nos deja con ganas de más.

JOSU DEL HIERRO.-

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