JULIET DESNUDA: LA VIDA A LOS 40

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Juliet Desnuda, de Jesse Peretz, es más que la comedia indie intelectual que puede parecer a primera vista, no en vano contiene algunas de las mejores líneas de diálogo que servidora ha escuchado en bastante tiempo en cine. La trama ya es algo peculiar, aunque use esa estrategia de las “casualidades de la vida”: Annie, una trabajadora del museo marítimo en una pequeña localidad costera británica (Rose Byrne) vive con su pareja, Duncan (Chris O´Dowd) un profesor de literatura que es muy fan de un disco y de un cantante que está en horas bajas hasta el punto de venerarlo. Un día, ella decide publicar una review en el blog de su pareja contra ese trabajo musical, pues ya está harta de tanta mitomanía, y el azar hace que responda el propio autor, Tucker Crowe (Ethan Hawke). A partir de ahí iniciarán una amistad por correo electrónico que acabará derivando en un encuentro de lo más excéntrico. Y hasta aquí podemos contar de esta adaptación de una novela de Nick Hornby, Alta Fidelidad, Un niño grande.

La película, nos invita a reflexionar en tono de comedia agridulce y desencantada, sobre la vida que llevamos y la que quisiéramos llevar, sobre la paternidad o la ausencia de hijos, y sobre las elecciones/errores/aciertos de nuestro pasado y cómo nos afectan en nuestro presente. Y, aunque dicho así suene muy trascendente, Jesse Peretz consigue quitarle hierro al asunto gracias a la complicidad de Ethan Hawke, que está maravilloso una vez más haciendo de extravagante hombre normal y corriente, en esta ocasión, como ex-cantante y padre de una familia completamente disfuncional (por inesperada), y por lo deliciosa y socarrona que está Rose Byrne -sólo hay que asistir a su primera secuencia juntos para dejarse envolver y sorprender por la magia de ellos y del resto del reparto-.

Todas las situaciones fluyen con una naturalidad pasmosa delante de nuestros ojos, nos hacen reír, cómo mínimo sonreír, e incluso, reflexionar a la salida del cine, lo que es mucho más de lo que le podemos pedir a una pequeña película, que se convierte en enorme cuándo la piensas un poco. Es más de lo que esperábamos en esta comedia muy inspirada sobre dos seres que, a los 40, se empezarán a plantear que aún hay mucha vida por delante para disfrutar.

SONIA BARROSO.-

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