SICARIO EL DÍA DEL SOLDADO: HISTORIAS DE FRONTERA

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Hace 3 años, Sicario, de Denis Villeneuve se convirtió en uno de los más notorios thrillers contemporáneos, por su sabia combinación entre historia fronteriza, personajes tan complejos como fascinantes y resolutivo tratamiento de la acción y de la violencia. El libreto de Taylor Sheridan, responsable de otras piezas maestras del género como Comanchería y Wind River estaba magníficamente representado. Quedaba la incógnita de si Sicario: El Día del Soldado mantendría el nivel de la primera, sin Villeneuve tras las cámaras y si se resentiría el reparto sin la sensible presencia de Emily Blunt.

Stefano Sollima -director de otros “thrillers sucios”, como las series Romanzo Criminale y Gomorra y el film Suburra– demuestra su buen oficio fuera de toda duda, no es de extrañar que Denis Villeneuve le haya dado su bendición tras ver la nueva película.

El manejo de la tensión, la densidad dramática y la hábil planificación de las escenas de acción -a destacar la secuencia inicial en el supermercado o algunas que combinan asaltos por tierra y aire con helicópteros- son magistrales. Asimismo, la fotografía de Dariurz Wolski y la banda sonora de Hildur Guonadóttir son las piezas maestras para la inmersión en esta nueva trama que, si bien tiene conexiones con la primera -especialmente con la presencia de Matt (Brolin) y Alejandro (Del Toro) y su historia de venganza-, funciona a la perfección para todo aquel que no ha visto su predecesora.

Áspero, árido, oscuro y violento, este nuevo film funciona a varios niveles. Por un lado, puede disfrutarse como mero entretenimiento -siendo uno de los mejores thrillers destinados a un público adulto que podrán admirarse este verano en la gran pantalla-. Por otro, sirve como denuncia de la hipocresía gubernamental norteamericana o de visibilización del drama de las personas que se ven obligadas a pasar ilegalmente entre México y Estados Unidos y de las mafias o carteles de la droga que actualmente se lucran más que con la cocaína traficando con seres humanos como si fueran ganado. Una película que está a caballo entre el thriller fronterizo, el drama de denuncia y el western crepuscular -en las bellas secuencias en que Alejandro e Isabel se refugian en una granja en el desierto-.

Repiten en sus papeles, un muy competente Josh Brolin, como Matt Graver (estando su personaje más y mejor desarrollado que en la primera), agente federal y jefe de operaciones, que vuelve a ser contratado por el gobierno americano, y un brutalísimo Benicio del Toro como Alejandro, el abogado que busca venganza por la muerte de su familia a manos de Carlos Reyes, jefe de uno de los carteles más peligrosos de México (un papel por el que será tan recordado como en Traffic, de Soderbergh). Isabela Moner como Isabel, la avispada hija adolescente de Carlos Reyes y moneda de cambio entre el gobierno y los carteles, y Elijah Rodríguez, como un joven aspirante a sicario, reclutado por los carteles para tráfico de inmigrantes, son el desesperanzado futuro en una historia tan dura como descorazonadora. En definitiva, Sollima saca nota en su debut hollywoodiense -sin perder su identidad ni traicionar el “espíritu” de Villeneuve de la primera-. Y tanto si es el director italiano como el canadiense quien afronte tercera parte -pues el final apunta a trilogía- estamos en buenas manos, siempre y cuando Taylor Sheridan siga ocupándose también del guión, claro está.

SONIA BARROSO.-

 

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