EN TRÁNSITO: DRAMA DISTÓPICO SOBRE REFUGIADOS ALEMANES

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En Tránsito, de Christian Petzold, es una película desconcertante, o al menos, esa fue mi sensación después de ver la película.
Georges (Franz Rogowski) es un joven alemán que huye a Francia presuntamente por la ocupación nazi. Y puntualizo, “presuntamente”, pues en ningún momento se nos dice claramente ni hay ningún elemento que nos induzca a pensar que huían de la ocupación nazi, pero sí que huyen de Alemania. De camino en tren a Marsella fallecerá un escritor con el que Georges iba de polizón y, en su periplo posterior por los distintos consulados, decidirá adoptar la identidad del escritor muerto para poder obtener visados y emigrar a México con más facilidad. En este ir y venir por la burocracia consular y la vida marsellesa conocerá a toda una serie de personas (un niño magrebí y su madre sordomuda que han perdido a su padre y marido respectivamente , una mujer que busca a su esposo desesperadamente mientras se consuela con un doctor que también necesita viajar a México por trabajo, otra mujer que cuida de los perros de unos norteamericanos, etc).
A través de todos ellos, Petzold crea un drama distópico en el que se habla de la soledad de los refugiados, del sentimiento de abandono y de pérdida, de la necesidad de consuelo y del imperante anhelo de encontrar, de nuevo, un hogar en alguna parte lejos de su Alemania natal y, por tanto, de la posibilidad de comenzar una nueva vida. México se presenta como la Tierra Prometida, un lugar donde empezar desde cero. En este sentido, los temas que trata, como veréis, son bastante interesantes y pueden inducir a una reflexión.
No obstante, a pesar de la temática principal, las acciones y reacciones del personaje principal resultan tan extrañas y desconcertantes que no acabamos de empatizar con él ni de ponernos en su situación, pues no llegamos a saber qué es lo que quiere en realidad. En cambio, nos conmueven algunos personajes secundarios como el del niño Driss o el perdido deambular de una magnética Paula Beer. Ellos son los únicos destellos de un film que resulta tan frío y distante, tan extraño, que no terminamos por entrar en este juego que nos propone Petzold. Puestos a historias con protagonistas con asunción de identidad falsa nos quedamos con Frantz, de François Ozon, también con Paula Beer. Es una verdadera lástima, pues tenía muchas ganas de dejarme hipnotizar de nuevo por el director de Bárbara y no ha sido así.
          SONIA BARROSO.-

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