ORO: EL VIL METAL QUE ENLOQUECE A LOS HOMBRES

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La gente de la isla de Cipango (Japón) posee tremendas cantidades de oro. El tejado del palacio del rey es de oro puro, y los suelos están pavimentados con una capa de oro de un grueso de dos dedos”. – Marco Polo (1254-1324).

Historias como esta que narra Marco Polo eran las referencias culturales de los europeos de los siglos XV y XVI. También lo eran la Biblia, las fuentes grecolatinas y la literatura bajomedieval. En esto último eran habituales los relatos sobre ciudades de oro y era lógico que los españoles de aquellos años interpretarán todo lo que estaban descubriendo, las leyendas que les contaban lo indios, El Dorado, Las Siete Ciudades de Oro, Cíbola, Quivira, La Ciudad de los Césares, etc bajo el prisma de aquellas fuentes. Fueron leyendas que avivaron a los conquistadores que rastrearon impenetrables selvas, extensas llanuras, caudalosos ríos…Recorrieron grandes extensiones, más grandes que la Península Ibérica. Dieron crédito a esas leyendas y más cuando vieron a los indios adornados con piezas doradas, a las cuales los propios indios no le daban valor. El oro se convierte en una obsesión.

La seducción del oro convirtió y organizó la conquista, especialmente en América del Sur, como una competencia entre empresas privadas donde cada cual hace la guerra por su cuenta. La codicia provoca en los españoles peleas internas y sucumben a dos fiebres: la del oro y la de la selva. Entraron a centenares en busca del oro y fueron cayendo masivamente persiguiendo una ambición que era una trampa mortal. No era una fiebre del oro exclusiva de los españoles. Cualquier europeo que llegaba a las Américas sucumbía a ella. Hubo una cantidad enorme de expediciones en busca de oro y entre ellas la más conocida es la de Lope de Aguirre. Al mando de Pedro de Ursúa y con un contingente de 300 españoles y varios cientos de sirvientes indios, la expedición fue en la búsqueda de El Dorado. Fue un episodio repleto de cruentos asesinatos selectivos para erigirse en líder de la expedición. En 1972, Werner Herzog llevó a la pantalla esta aventura en la cual se recrea una visión de la locura y la irracionalidad humana dentro de la agobiante selva amazónica. Casi 20 años después, en 1988, Carlos Saura dirige El dorado contando de nuevo la historia de la expedición de Aguirre y Ursúa. De hecho fue la película más cara del cine español hasta la fecha.

Lo que nos cuenta Oro parte de un relato corto escrito Arturo Pérez Reverte. Se narran las aventuras de un grupo de españoles que se adentran en la profundidad de la selva americana allá por 1538. Su historia podría ser cualquiera de tantas y tantas expediciones que buscaron con codicia y ambición el ansiado oro. Es un grupo dispar, de gente de distintas regiones de España que tiene conflictos casi a diario pero que se juntan codo con codo cuando hay que presentar batalla. Al frente de ellos se encuentra Gonzalo de Baztán (José Manuel Cervino), quien lleva consigo en la expedición a su joven esposa Doña Ana (Bárbara Lennie)  y a quien acompaña su criada La Parda (Anna Castillo). Bajo el mando de Don Gonzalo se encuentra el inquietante Alférez Gorriamendi (Óscar Jaenada), un oficial de fuerte carácter. La expedición la completa gente que buscan en esa expedición un futuro mejor, algo que les puede propocionar el oro. Martín Dávila (Raúl Arévalo), Barbate (Antonio Dechent), Iturbe (Juan José Ballesta) y el sargento Bastaurrés (José Coronado), entre otros, forman esa tropa obcecada, violenta, codiciosa y ambiciosa. Nada les parará para conseguir el oro.

La labor actoral facilita todas esas tensiones. En general el reparto cumple con las expectativas dentro de unos personajes que se definen en pocos diálogos pero más en actitudes  y en las relaciones que mantienen con los demás. Podría pensarse que la inclusión de dos personajes femeninos como Doña Anna y La Parda sería un conflicto aún mayor que la búsqueda del oro. Son más dos mujeres que se encuentran en esa selva unidas por las circunstancias y son más víctimas de la ambición desmedida por el oro que por el hecho de ser mujeres.

FICCIONES SOBRE LA BÚSQUEDA DEL ORO

Sobre la búsqueda del oro u otras historias similares en las cuales la codicia ha llevado a la perdición a los hombres ha habido varias películas desde distintas perspectivas. Desde La quimera del oro (1925), una búsqueda cómica al servicio de Charles Chaplin; Avaricia (1924), una historia de inmoralidad sobre la influencia deshumanizadora del dinero; El tesoro de Sierra Madre (1948), donde se vislumbran las flaquezas humanas como la avaricia, la envidia y la ambición. Y porqué no El hombre que pudo reinar, una película sobre perdedores y desengañados que se alimentan de ilusiones. Lo que reúne Oro es un poco de todo: una fiebre desmedida sobre el oro, de como el oro influye en ellos y los deshumaniza por completo, de como el oro saca lo peor del ser humano y finalmente siendo una historia de hombres ilusos que recurren a cualquier violencia para que su preciado oro llegue a sus manos.

El productor de Oro, Enrique López Lavigne comentó: “La conquista de América es el western del cine español”. Una frase que años atrás ya se comentaba. Pero a diferencia del western americano, el cine español apenas ha sido prolífico en ese aspecto con títulos poco destacables y conocidos como Los conquistadores del Pacífico, de 1963, la mencionada El Dorado, en 1988, Cabeza de Vaca en 1991 y siendo la más conocida 1492: La conquista del paraíso de 1992, película que conmemoraba los 500 años del Descubrimiento de América. Actualmente se está emitiendo una serie de gran calidad llamada Conquistadores: Adventvm que parece reinvidicar un período de España negro para algunos y lleno de gloria para otros.Son acontecimientos históricos que siempre han estado rodeados del eterno debate sobre el genocidio indio y la Leyenda Negra sobre todo lo español relacionado con América. Quizás este sea el motivo de que el cine español no se haya inclinado a hacer más cine relacionado con esa etapa histórica.

Agustín Díaz Yanes ya rodó hace unos 10 años otra adaptación de Reverte, Alatriste, con un resultado que no dejó contentos a una gran mayoría de crítica y público. En su filmografía figura unos de los thrillers más notables del cine español: Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto (1995). Con Oro, Yanes nos ofrece una película que quiere volver a los clásicos del cine de aventuras, de personajes rudos y fuertes, de situaciones resueltas sin muchos rodeos y donde la inmersión en la historia es patente. Los conflictos se resuelven con inmediata violencia, la tensión entre los personajes es una constante y pesar de la reiteración de ciertas situaciones, uno no sabe en como va a desembocar esta aventura. Y es que Oro no va sobre la conquista de América, es más una historia de seres humanos como tantas ha habido en la Historia, sea en América, África o en cualquier lugar del mundo. Y en cualquier siglo. La deshumanización que sufren por la codicia es palpable. Un muerto más es una parte más de oro. Un paso más es un camino que se va abriendo hacia su ambicionado futuro de riquezas. Nadie quiere ser pobre, todos quieren enriquecerse rápido y sin mirar a los que quedan atrás. El oro enloquece.

JAVI LEIVA.-

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