POBRES CRIATURAS: DELICATESSEN TRAGICÓMICA

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Pobres Criaturas (Poor Things) es la pieza de orfebrería que le faltaba a Yorgos Lanthimos para culminar su carrera. Una carrera con películas tan extrañas como Canino, Alps, El sacrificio de un ciervo sagrado o, la más reciente, La favorita. Poor Things se situaría siguiendo la estela de La favorita, que esté Emma Stone no es casual aquí, incluso hay una línea de diálogo que proclama a la actriz como tal, como nueva musa del director griego.

Stone lo da todo, con una brillante interpretación desde las entrañas, ¿o debería decir desde el clítoris? ¡Ah, no!, qué eso no se puede decir en sociedad. Así que dejemos ahí la puntada irónica. Hablando de ironía, el guión de la película es tan fino, mordaz, negro y punzante como la hoja de una arma blanca. No deja títere con cabeza. Ni a la sociedad puritana, ni a superficialidad de la condición humana, que busca redimir su sufrimiento a través de los placeres inmediatos. No en vano, tenemos a Bella Baxter quién, huyendo de un trágico y borroso pasado, se ha convertido en una especie de muñeca de Frankenstein. Aunque la creación siempre se ha de rebelar contra su creador, interpretado magníficamente por un casi irreconocible Willem Dafoe.

Bella es un ser anhelante de deseos por conocer el mundo y saber qué es la vida, forjar su destino y hallar la felicidad. Cuándo aparece en escena Duncan, un apuesto y playboy letrado, verá su ocasión por romper cadenas y vivir su propia aventura vital, sea cuál sea el precio a pagar. Emma Stone y Mark Ruffalo están arrebatadores en su intensa relación, son puro fuego juntos, ella desde el apasionamiento y él desde el patetismo. Son una auténtica delicia las escenas que comparten juntos, de las más álgidas de la película. Aunque no será Duncan ni su creador los únicos hombres que pasarán por la vida de Bella, hasta aquí podemos leer. Atención a la parte parisina de la película, una vuelta de tuerca a la liberación femenina, aunque no cómo os pensáis seguramente.

Estéticamente, es la película más exuberante de Lanthimos, mezclando blanco y negro con color, según las etapas o estados de ánimo de la protagonista; atención también a la atrevida planificación y a la utilización de ojos de pez y cámaras y ángulos deformantes de la realidad. Es un desafío visual también para el espectador acercarse a esta fábula melodramática sobre la condición humana en la que hay creadores y creaciones, arribistas, filósofos, hombres prácticos y tiranos desalmados, etc. Una película desafiante para el espectador medio, con un sentido del humor negrísimo y un patetismo evidente, marca made in Lanthimos, pero que en Poor Things llega a su momento cumbre.

En definitiva, la extraña delicatessen que no estaba esperando es Poor Things, este cuento tragicómico, como la vida misma, me ha reconciliado totalmente con el cine de Yorgos Lanthimos.

SONIA BARROSO.-

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