10 AÑOS DE FACESONTHEBOX: “LA GRAN BELLEZA”

Para el 10º aniversario de Facesonthebox y durante toda esta semana todos los que hacemos posible el Faces hemos aceptado el siempre difícil reto de escoger una película que nos resulte fascinante y trasladaros esa fascinación a vosotros, Faces-friends.

En mi caso, tras mucho meditar, pues no es elección sencilla, he escogido una muy especial: La Gran Belleza, de Paolo Sorrentino, una cinta que tuve la ocasión de ver en dos momentos vitales: Cuando estaba a punto de finalizar mi embarazo en pase de prensa y luego, un año más tarde, en casa. Y me siguió fascinando. A continuación, os explicaré mis motivos.

Una gran fiesta en una terraza, vorágine de hombres y mujeres bailando, bebiendo, amando…en definitiva, disfrutando de la noche y desfasándose al ritmo de la pegadiza “A Far l’Amore comincia tu”, de Raffaela Carrá. En un inicio potentísimo, que va parándose en algunos de los personajes de esta Gran Belleza para aterrizar en la presentación de Jep Gambardella, nuestro protagonista, escritor de 65 años, tan granuja como playboy, conocido como el “rey de la mundanidad” en Roma. Una presentación tan festiva como la de El gran Gatsby, de Baz Luhrmann, pero que va más allá, intercalándose con una estampa más serena de Roma: la Ciudad Eterna, espiritual, bella y llena de turistas también.

La Gran Belleza es, pues, el ácido y lúcido retrato de un dandy del siglo XX que sobrevive al siglo XXI, culto y crápula, ya de vuelta de todo y que se siente fracasado por vivir sólo de una novela exitosa de juventud y de algunos recuerdos del pasad. Mientrastanto, tiene que convivir con una multitud de artistas, bohemios e intelectuales con los que trabaja y con los que gozan de la notte romana. Un personaje al que su director, Paolo Sorrentino, se nota que le tiene bastante cariño y hace que el espectador le profese simpatía.

Jep Gambardella, un irónico y brillante Toni Servillo -que disfruta en este papel y hace disfrutar al personal-, es todo un personaje que se mueve en dos mundos contrapuestos: el de la vulgaridad y la sofisticación; el de la mundanidad y la espiritualidad; el de la vejez y la juventud. Ambos representados en una Roma tan bella y fascinante, tan lujosa como banal. Una Cittá Eterna que devora a todos los hijos de la noche y de la mediocridad y que nos descubre rincones fastuosos, como los Palacios de la Pizza Navona, o aquello que se esconde detrás del misterioso ojo de la cerradura en la Colina del Aventino, etc, en una sugerente velada nocturna llena de fascinación.

Esta dialéctica entre lo terrenal y lo espiritual llega a su máxima expresión en un final que, como el principio, se revela potentísimo, y que da un giro de 180º al film, que va girando desde la comedia más banal e intrascendente al drama más íntimo y revelador. Las reflexiones en voz en off, donde conocemos a Gambardella, sus sueños, fracasos, inquietudes y pensamientos, son uno de los grandes aciertos del film. Esta voz en off no podría haber estado mejor puesta ni justificada.  

Así pues, La Gran Belleza de la vida se va descubriendo, poco a poco, tras cada ruido, tras cada conversación intelectualoide, tras cada fiestaza, en el corazón del espectador hasta llegar al auténtico clímax final. Excesiva en algunos momentos, divertida en otros y también reflexiva, esa gran belleza va a cautivar a todo aquel espectador que la vea sin prejuicios, sin comparaciones -aunque sea inevitable recordarse de La Dolce Vitta, de Fellini y de Marcello Mastroianni-. Hay que dejarse arrastrar por el enorme torbellino de pasiones y sensaciones mundano-espirituales que nos propone esta gran reflexión sobre el Todo y la Nada, la Vida y la Muerte.

SONIA BARROSO.-

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